Adriana Blanco | No te abandones a ti mismo
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A todos nos abandonaron un día

El abandono

A todos nos abandonaron un día.

Y cuando digo abandonar, no me refiero sólo a un acto extraordinario. Traumático.

No. Es más simple. Pero duele igual.

A todos nos abandonaron en el medio de una tormenta.

En el inicio de un proyecto.

En el placer del logro cumplido.

En el momento menos pensado.

En el momento más esperado.

A veces pasa, que te das vuelta y no tienes quien te junte los pedazos, quien te dé la palmada en la espalda, quien te guiñe el ojo cuando algo te salió bien o quien te limpie las rodillas cuando te fuiste al pasto.

Todos sabemos de la soledad que se siente cuando nos sentimos solos.

Porque todos fuimos abandonados un día.

Y entonces, encontramos junto a un secreto tristísimo, un acto paliativo, para tapar ese pozo.

Vemos gente que se come la angustia tragándose un paquete de cigarrillos, el otro que corre y corre como un loco a ver si el viento en la cara le vuela ese agujero en el pecho.

Personas que se comen las uñas junto con los nervios.

Y la ansiedad paralizante.

Paquetes de galletitas que van a parar a la boca sin noción de que lo que se intenta matar, no es el hambre.

O por lo menos , no ese.

Personas que se perforan la nariz y las venas, con alguna que otra cosa que lo pase a otra realidad por un par de horas.

El otro se pone a jugar lo que no tiene. Se emborracha y/o se droga. Otro estudiará o trabajará de manera compulsiva, o buscará dinero, fama, poder de manera adictiva.

Tú quizás compras compulsivamente cosas que no necesitas, para sentirte un poco vivo/a por un instante.

Y yo me quedaré mirando una película, que me habilita disimuladamente a llorar mirando afuera, lo que no tengo
ganas de mirar adentro.

Y todos, tú y yo, todos, encontrando el texto de justificación, para defender nuestro acto de cobardía, con arrogancia.

Es que somos tan jodidos con nosotros mismos que cuando peor estamos, es cuando más nos castigamos.

Porque todo eso que te comes, te tomas, te fumas, o te lastimas con palabras que te dices a ti mismo@ te devora a ti.

Te pone peor.

Te suma al abandono, la culpa de hacer algo que sabes que no es genuino.

Que no es lo que quieres.
No comes así por hambre.

No corres por deporte, cuando te estás rajando de ti mismo.

No te intoxicas por placer.

No te acuestas con él/ella por amor.

No te dices palabras de dolor para sentirte mal sino mejor.

Tapas. Escondes.
Tiras abajo de la alfombra.

Cierras los ojos.
Te pones un bozal y un par de auriculares para no escuchar tu corazón.

Date cuenta. Te estás comiendo a ti.

Y quizá, el secreto esté en frenar.

En sentir lo que sientes y procesarlo.

En recordar, que en ese abandono lo que te falta, es lo que tienes que buscar dentro de ti: amor.

Quizá sea hora de pedir ese abrazo sin otra intención.

De dejar de lado el orgullo y llamar diciendo, sí, te juro que te necesito. Sí, me equivoqué.

Es ahora. Después no. Ahora.

Anda a esa casa.

Habla con quién te puede escuchar.

Llora. Grita. Di. Vomita. Pide. Da. Ahora.

Hacer malabares, en medio del despelote, no tiene más que un resultado despelotado.

Resultado que no va a curar la herida que te sangra, porque le estás metiendo una curita.

Y las curitas no curan.

Las curitas tapan. Y tú sabes muy bien que el dolor tapado no es dolor sanado.

Para un poquito.

Mira en el espejo de tu alma. Frena.

Mira lo que te falta y sal a buscarlo en dónde creas, sin hacerte trampas, que lo puedas encontrar. De verdad.

No revolotees como mosca en platos vacíos.
Pide lo que de verdad necesitas si ves que solo no puedes.

Y aprende a recibir.

El otro no es perfecto, y quizá lo que te dé, sea sólo su tiempo y su estar. Como puede.

Y si lo aceptas así, humano, imperfecto, también herido, como tú, ofreciéndote simplemente estar, como puede,
escuchando ese amor que se cuela a través de las palabras que no comparte, el abandono comienza a sanar.

Porque no hay peor abandono que el que se hace uno a sí mismo.

Con eso no se juega.

No tienes derecho.

Eres la persona más importante que te asignó La Vida para cuidarte!

Fuente: Encontrado por ahí

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