Adriana Blanco | El método japonés que ayuda a superar el estrés postraumático
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El método japonés que ayuda a superar el estrés postraumático

Los efectos de un evento de tal magnitud como los sismos registrados durante septiembre  pueden generar daños a largo plazo, sobre todo en aspectos psicológicos.

En nuestro país y en varios más se le da poca atención a ese tema, y los traumas después de estos eventos suelen ser minimizados.

Sin embargo, en Japón se le ha dado la importancia debida al trastorno de estrés postraumático, por lo que se ha colocado entre los países más vanguardistas para tratarlo.

A partir del terremoto de 1995 en Kobe, Japón, empezó a desarrollarse una metodología para atender a la población que presentaba síntomas que podrían desembocar en el síndrome de estrés postraumático. Como resultado, se obtuvo un manual que ofrece ciertos recursos para superar la crisis psicológica asociada con las grandes catástrofes.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la salud mental es “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

En resumen, el estado de bienestar se ve afectado principalmente en el funcionamiento óptimo de la persona, luego de un evento como el sismo del pasado 19 de septiembre, debido a que emergen preocupaciones por la supervivencia, el duelo por la pérdida de personas significativas, miedo y ansiedad relacionados con su propia seguridad, transtornos del sueño, pesadillas, recuerdos del desastre, necesidad de hablar de lo sucedido y de los sentimientos relacionados con el desastre.

Kokoro no kea: el cuidado de la salud mental 

A partir de observar cómo la población de la ciudad de Kobe enfrentaba esta crisis tras un fuerte terremoto que dejó más de 6 mil muertos, se desarrolló el método kokoro no kea, que viene de la palabra japonesa “kokoro”, que significa corazón, y del término “kea”, que es la niponización del término anglosajón “care” (cuidado) y se refiere al cuidado del corazón.

El kokoro no kea incluye formas de ayuda psicológica que van desde el apoyo social, la consejería escolar, el cuidado de la salud mental, las terapias del trauma y el tratamiento médico del trauma. De acuerdo con este modelo, en las situaciones de emergencias y desastres las personas enfrentan tres tipos de estrés psicológico: el estrés del trauma, el estrés de la pérdida y el estrés de la vida cotidiana.

El shock, la negación, la rabia, la culpabilidad y la tristeza son sentimientos que se van alternando al pasar del tiempo. Cuando el individuo parece que está aceptando la pérdida, puede volver a sentirlos de manera abrupta. En lo que respecta al estrés de la vida cotidiana, este se enfrenta cuando una persona se da cuenta de que la vida sigue, a pesar de la ausencia de un ser querido o de la pérdida de una vivienda. Todos estos son aspectos que van haciendo mella en la salud mental de cualquier individuo.

¿Qué hacer para proteger la salud mental según el kokoro no kea?

  1. Organizar un plan de apoyo mutuo.
  2. Colaborar con las instituciones locales, manifestándoles las necesidades reales.
  3. Detectar a las personas que pueden estar manifestando síntomas de enfermedades físicas o mentales e informar a los equipos de salud.
  4. Reforzar la propia responsabilidad y la confianza en la recuperación.
  5. Participar en grupos de autocuidado.
  6. Obtener información sólo de fuentes oficiales y no difundir rumores de fuentes no oficiales.

¿Qué recomienda el modelo kokoro no kea para cuidar el corazón?

  1. Generar ritos y ceremonias que permitan despedirse de lo perdido. Esto es algo muy importante para aprender a desprendernos, a despedirnos de esa anterior vida que ya no vamos a tener dadas las nuevas circunstancias.
  2. Una vez que tenemos consciencia de la pérdida podemos buscar compañía y hablar, compartir los sentimientos y pensamientos con otros, escuchar y ayudar a nuestros compañeros, permitirnos sentirnos mal o deprimidos.
  3. Realizar ejercicios físicos suaves alternados con relajación como el tai chi.
  4. Estructurar el tiempo y mantenernos ocupados.
  5. No evadir el dolor y el sufrimiento con el uso de drogas o alcohol.
  6. Tratar de mantener un itinerario lo más normal posible.
  7. Seguir haciendo las cosas que nos hagan sentir bien, útiles y solidarios.
  8. Tomar pequeñas decisiones cotidianas, tener pequeñas metas cotidianas, día con día, y no perder esa brújula.
  9. Descansar lo suficiente y no autoflagelarnos.
  10. Intentar dentro de lo posible comer bien y regularmente.
  11. Saber que los sueños y pensamientos recurrentes acerca de estos eventos traumáticos son normales y deben ser compartidos.

Las recomendaciones del kokoro no kea para los equipos que ofrecen ayuda de primera respuesta ante estos eventos son los siguientes:

  1. Si quieren ayudar, escuchen detenidamente a los afectados, promuevan la ayuda y la solidaridad.
  2. Fortalezcan vínculos entre familiares y amigos.
  3. Estimulen a la gente a participar en las tareas de la vida cotidiana.
  4. Hay que comprender y aceptar el enojo de los afectados.
  5. NO es bueno decirle a la gente que le pudo haber ido peor. Las personas traumatizadas no encuentran consuelo alguno en estas frases. En lugar de eso es mejor decir –y realmente hacerlo– que lamentamos lo sucedido y los entendemos.
  6. Promover la realización de ritos y ceremonias de despedida según las costumbres y la idiosincrasia de la población afectada. Por ejemplo, las ceremonias simbólicas de entierro de los desaparecidos o hacer memoriales de desaparecidos.

Los escenarios posteriores al sismo

La reparación del daño físico, social y económico producido por el desastre es un proceso que se debe planificar a corto, mediano y largo plazo, garantizando un nivel de desarrollo igual o superior al existente antes del desastre. Parecería obvio: no podemos regresar a una normalidad sino a un mejoramiento. No podemos aceptar regresar a una situación peor a como estábamos antes del sismo.

Es una etapa que más recursos y esfuerzos exige y en la que es menos probable que la solidaridad expresada en los primeros días se mantenga, pero puede ofrecer oportunidades para introducir medidas de mitigación para que la comunidad esté mejor preparada para un desastre futuro. El no prestar atención a esta etapa puede hacer que los efectos devastadores del desastre tengan permanencia, tal como ocurrió en el 85. Y no queremos que vuelva a suceder.

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