Adriana Blanco | Mejora tu negocio aplicando la Inteligencia Emocional
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Mejora tu negocio aplicando la Inteligencia Emocional

El término de “inteligencia emocional” fue acuñado por el psicólogo estadounidense Daniel Goleman hace un par de décadas y su origen se fundamentaba en cómo las emociones infieren en la toma de decisiones, sobre todo en ciertas cuestiones básicas en la vida cotidiana.

Sin embargo, al paso de los años el nuevo concepto fue adquiriendo mayor relevancia y adeptos, ya que se comprendió que tiene una aplicación más allá que la ordinaria.

Cuando hablamos de “inteligencia emocional” nos referimos a la capacidad de manejar emociones que impulsan nuestros comportamientos y las relaciones con los demás. El miedo, la ira, la tristeza, el placer y el amor son algunas de ellas.

Aplicado al campo empresarial, este concepto resulta de gran utilidad en el momento de gestionar grupos de trabajo con objetivos comunes.

Para quienes manejan una empresa o son responsables de un área entienden que el trabajo no sólo radica en hacer cálculos, fortalecer relaciones y dar órdenes desde un nivel superior de mando. También es imprescindible conocer el mapa humano como: relaciones, motivaciones y  hábitos que predomina en la organización.

Algunos estudios refieren que la productividad aumentó casi 20% en empresas cuyos  gerentes recibieron alguna capacitación orientada al manejo de la inteligencia emocional.

Los conglomerados que coinciden con ésta filosofía hablan de crear un nuevo perfil de directivo en el que predominen los siguientes aspectos:

Autoconocimiento: conocer y manejar sus propias emociones en el día a día. Esto le ayudará gestionar con mayor acierto las distintas tareas que se proponga.

Autocontrol: del mismo modo, debe saber cuáles son los límites de cada emoción y en qué casos es preciso transmitir o generar algunas de ellas.

Empatía: el directivo debe ser capaz, sobre todo, de reconocer las emociones en las personas que tiene a cargo y ponerse en su lugar. Ésta es una de las reglas esenciales de la inteligencia emocional.

Habilidades sociales: con el tiempo, un líder que aplique la inteligencia emocional desarrollará aptitudes para la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la capacidad para gestionar momentos de crisis y la comunicación eficaz y oportuna.

Flexibilidad: el líder rígido e inflexible es una especie en vía de extinción. La idea es fomentar un perfil más propicio a la comprensión y el diálogo.

Optimismo: los proyectos sólo tienen éxito si al frente se encuentran personas que crean en la consecución de los objetivos. La inteligencia emocional también consiste en saber transmitir estas actitudes para que se incorporen a la rutina de los grupos.

Los resultados para las empresas se han identificado en las siguientes áreas:

  • Existe un equilibrio entre los aspectos humanos y financieros de la organización.
  • Generan estimulación permanente en la mejora de los procesos.
  • Prevalece una comunicación clara y abierta entre los distintos departamentos de la empresa.
  • Aumenta la confianza entre los departamentos y de éstos hacia los directivos.
  • Fortalece las relaciones internas y externas.
  • Impera un ánimo de colaboración, apoyo y solidaridad.
  • Se eleva la innovación permanente

Aprender de los grandes siempre es un reto. Mi consejo es que dediques el tiempo necesario a impulsar tu marca o empresa sin olvidarte de tus finanzas personales.

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Fuente: MásQueNegocio

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