Adriana Blanco | Este es el secreto para no sufrir cuando no se cumplen tus expectativas
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Este es el secreto para no sufrir cuando no se cumplen tus expectativas

Muchas veces las cosas no son como nos gustarían que fuesen. Estas situaciones inesperadas se dan y más a menudo de lo que nos gustaría.

Tenemos unas expectativas sobre algún hecho en concreto (una reunión de trabajo, un ascenso, un viaje con la familia, una celebración, una amistad, una plática con nuestra pareja…) y no se cumplen en absoluto. ¿Te ha pasado en alguna ocasión? ¿Te frustra que no se dé lo que tanto anhelas? ¿Esperas más de la persona o hecho de lo que es en realidad?

Hoy quiero contarte el secreto para no sufrir cuando algo no se da tal y cómo esperabas.

La incertidumbre y el cambio

Los seres humanos no estamos preparados para la incertidumbre. Nuestro cerebro, inconscientemente, busca la comodidad, esa que nos da la rutina, el tenerlo todo planificado, en definitiva el saber con antelación lo que va a suceder.

¿Cómo afrontar algo no esperado en nuestra realidad? Como en la mayoría de las situaciones, es el aprendizaje que hemos hecho a lo largo de nuestra vida el que nos va a ayudar.

Por ejemplo, puede ser que seas una persona que de pequeña, todo aquello que pedías lo tuvieras de inmediato y siempre. Puede ser que hicieras siempre lo que querías sin importar el momento, lugar, lo que querían los demás, etc. Puede ser que a tu alrededor hubiera drama cada vez que no se cumplían las expectativas del tipo que fuesen.

Recuerdos de esos momentos con tus padres, hermanos, en la escuela, tus amistades, tus parejas, etc. te darán algunas pistas sobre ese aprendizaje que has ido realizando a lo largo de tu vida y que después se concreta en tu manera de actuar, en tu conducta.

¿Cómo reaccionamos?

Ante un imprevisto, ante una expectativa frustrada, podemos reaccionar de diferentes maneras. Dependerá de la situación, por supuesto, pero sobre todo de tu carácter, de tu manera de afrontar estas situaciones, de los recursos personales que tengas.

El enfado y la rabia son las más habituales. Te enfadas porque no entiendes que ha ocurrido para que las cosas fueran así. No entiendes que, después de todo lo que has hecho para que todo fuera según lo previsto, no haya funcionado. Piensas que los demás no han colaborado, no han hecho lo que tenían que hacer, no han tenido en cuenta… y seguro que hay más.

Te sientes la víctima de la historia y te preguntas:

“¿Por qué me pasa siempre esto?, ¿por qué no me han dado la respuesta que yo esperaba? Nada me sale como lo planifico, todo me sale mal.”

Rompiéndolo todo. Desgraciadamente, la violencia es otra de las maneras de reaccionar.

Todas estas reacciones se pueden dar en mayor o en menor medida, con mayor o menor intensidad. Y cómo todo, depende de dos factores principalmente:

#1 Cómo percibimos la situación, el hecho en sí. Qué nivel de importancia le damos. Cuanto llegamos a exagerar la situación que vivimos.

#2 No tolerar el malestar, la molestia que nos provoca.

¿Qué hacer para que no me vuelva a suceder?

Primero revisa tus expectativas. ¿Son realistas? ¿Dependen de ti exclusivamente? La autoexigencia es uno de los factores que en muchas ocasiones generan un gran nivel de frustración, ansiedad, desmotivación. Si en ambos casos la respuesta es no, rebaja el listón.

Comprueba si tu nivel de tolerancia a la frustración es bajo. Si te sientes frustrado/a muy a menudo y ante hechos que, mirados con cierta perspectiva, no son muy relevantes para tu vida, sería conveniente que te cuestionaras que está ocurriendo.

En muchas ocasiones tiene que ver con tu educación y creencias (ej. ¡esto debería de ser así!, todo el mundo debería de comportarse de esta manera) o el tipo de pensamientos que tienes habitualmente.

Deja de compararte. Si en tu entorno de trabajo o familiar, hay un alto nivel de competitividad y exigencia, comprueba si la fuente de la frustración proviene del compararte con determinadas personas. En ese caso, plantéate si realmente deseas seguir dejándote llevar por las expectativas de los demás.

Aceptar la realidad. Cuando no depende de ti, (por ejemplo, llueve ese domingo que quería ir a la playa), entonces lo que puedes hacer es aceptar lo que está ocurriendo. Si existe la posibilidad, busca alternativas y si no, prepárate para llevarlo lo mejor posible.


No dejes que la frustración te impida disfrutar de lo que tienes o no te deje vivir nuevas experiencias y conseguir nuevos logros.

Soy Adriana Blanco, Agente Patrimonial certificada por la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público desde septiembre del 2009.

Te asesoro con una adecuada planeación financiera para que logres tus metas siempre con la mejor protección. Mis servicios, consisten en una asesoría comparativa de planes para el ahorro con diferentes empresas; ajustándonos al perfil, necesidades y prioridades de los clientes.

¡Escríbeme en asesoria@adrianablanco.mx y con mucho gusto te atenderé!

Fuente: Montserrat Benavides 

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